Citas para la Vida Cristiana – Recursos

Citas para la Vida Cristiana

Por Múltiples autores 2 de marzo de 2010

Policarpo (c 69-155 D.C.), un líder de la iglesia primitiva en Esmirna, dio la respuesta memorable cuando se le ordenó adorar a César. «Ochenta y seis años le he servido y no me ha hecho nada malo. ¿Cómo, pues, puedo blasfemar a mi Rey, que me salvó?»

Hasta el final de Policarpo…desdeñaba defenderse ante la multitud. Fue amenazado con las bestias salvajes y luego con el fuego, pero no se inmutó. Una vez más, su respuesta fue memorable, así como conmovedora: «Me amenazas con fuego que arde durante una hora y en poco tiempo se apaga, porque no sabes del fuego del juicio venidero, y del fuego del castigo eterno reservado para los impíos. ¿Pero por qué esperas? Trae lo que quieras.»Y así lo hicieron. Lo quemaron vivo. Los temas eran claros para Policarpo y los cristianos: «Mejor es que entréis en la vida mutilados que con las dos manos ir al infierno, donde el fuego nunca se apaga» (Marcos 9, 43).

Inmediatamente después del martirio de Policarpo, la iglesia local escribió una carta describiendo los eventos, tan ansiosos por que una iglesia vecina supiera del feliz y glorioso final de su líder. Para ellos y para los que los rodean, tal fidelidad era el mejor testimonio posible de la verdad del evangelio.

(Los pasos de Dios, por John Legg, Evangelical Press, 1986, página 19)

La seguridad crece por el conflicto repetido, por nuestra repetida prueba experimental del poder y la bondad del Señor para salvar. Cuando hemos sido humillados y socorridos, heridos y curados, derribados y resucitados, hemos perdido toda esperanza, y de repente hemos sido arrebatados del peligro y puestos a salvo; y cuando estas cosas se nos han repetido y en nosotros mil veces, comenzamos a aprender a confiar simplemente en la palabra y el poder de Dios, más allá y contra las apariencias; y esta confianza, cuando es habitual y fuerte, lleva el nombre de seguridad; porque incluso la seguridad tiene grados.

John Newton

La expresión más clara del carácter amoroso de Dios se revela en un evento que ocurrió en una colina baja a las afueras de la ciudad de Jerusalén hace unos 2000 años. Allí, Dios permitió que se le clavaran estacas de metal en la carne, y fue condenado a muerte en una cruda herramienta de tortura romana-una cruz. En ese día cargó con toda la fuerza del mal sobre Sus hombros, pagando el precio de cada elección pecaminosa que se haya hecho en toda la historia humana. La cruz está en marcado contraste con cualquier acusación contra el carácter amoroso de Dios. Es imposible acusar a Dios de ser malo o injusto cuando uno entiende la profundidad del dolor y el sufrimiento que eligió soportar a causa de nuestro pecado.

Adaptado por Bob Maddox, Pastor, Good Shepherd Community Church, Boring, OR

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